El Secreto de Elvira: El Hurto en el Reino de Ávalon


A simple vista, la anciana Elvira parecía una simple vendedora de hierbas del mercado de Ávalon. Tenía el cabello blanco oculto bajo una capucha de lana remendada, la espalda encorvada por el peso de los años y siempre olía a romero, tierra húmeda y pan recién horneado.

Sin embargo, detrás de esa apariencia de abuelita campesina, se escondía la pícara más legendaria del reino, capaz de burlar los hechizos de protección de los magos más eruditos.

Las Reliquias de la Boticaria

Elvira no necesitaba espadas forjadas por enanos ni hechizos destructivos. Su magia era costumbrista, indetectable para los guardias reales y los hechiceros arrogantes:

  • La cesta de mimbre: Un artefacto encantado con un hechizo de "extensión indetectable". Por fuera parecía llevar solo nabos y coles, pero en su interior cabía el tesoro de un dragón sin sumar un solo gramo de peso.

  • El polvo de estornudo de duende: Escondido en su pañuelo. Al sacudirlo, liberaba una nube invisible que provocaba espasmos incontenibles en cualquiera que lo respirara, rompiendo al instante su concentración mágica.

  • La aguja de tejer de hueso de quimera: Su herramienta maestra. Capaz de cortar hilos mágicos, barreras protectoras y cadenas de oro sin emitir el más mínimo sonido.

"Los hechiceros estudian décadas para volverse invisibles. Yo solo tuve que esperar a cumplir ochenta años y encorvar la espalda; los nobles dejan de mirarte al instante." — Elvira, mientras pulía una moneda de plata robada al Rey.

El Saqueo en la Plaza del Sol

Era el mediodía del Festival de la Cosecha. Elvira arrastraba sus pies por el empedrado de la plaza principal, donde el pomposo Archimago Balthazar exhibía el "Ojo de Leviatán", un zafiro místico del tamaño de una manzana que colgaba de su cuello con una gruesa cadena de runas.

Balthazar estaba rodeado de paladines con armaduras brillantes, jactándose del poder inquebrantable de la gema.

La Danza de la Anciana Torpe

Elvira comenzó su encantadora y calculada actuación:

  1. La aproximación: Se acercó al grupo ofreciendo ramilletes de lavanda silvestre a los guardias, con una sonrisa desdentada y temblorosa.

  2. El falso tropiezo: De repente, su bastón de madera de roble pareció atascarse entre los adoquines. Elvira soltó un quejido agudo y cayó de rodillas, derramando el contenido de su cesta a los pies del Archimago.

  3. La ruptura del escudo: Al intentar ayudarla a levantarse, Balthazar se inclinó. En ese instante, Elvira sacudió su pañuelo. El mago aspiró el polvo de duende y soltó un estornudo monumental, perdiendo la concentración de su escudo mágico protector.

  4. El corte limpio: Con un movimiento rápido como el chasquido de un látigo, la mano de Elvira empuñó la aguja de tejer. Cortó la cadena de runas como si fuera mantequilla tibia y deslizó el pesado zafiro directamente dentro de una col hueca en su cesta de mimbre.

"¡Por todos los dioses, qué vieja más inútil soy! ¡Perdóneme, su Iluminada Grandeza!", lloriqueaba Elvira, recogiendo frenéticamente sus nabos y la col que ahora contenía una reliquia milenaria.

Balthazar, con los ojos llorosos por el estornudo y la nariz roja, se sacudió la túnica con asco. "¡Apartaos, anciana! ¡Y tened cuidado por dónde camináis!", bramó, sin notar que su pecho había perdido su peso místico.

El Regreso a la Cabaña

Los paladines, compadecidos de la pobre mujer, la ayudaron a levantarse y le abrieron paso entre la multitud.

A la caída del sol, Elvira estaba sentada frente a la chimenea de su pequeña cabaña en el Bosque Susurrante. Sacó el Ojo de Leviatán de la col, cuyo brillo azul iluminó toda la habitación de madera. Sonrió, le lanzó un trozo de carne seca a su mascota —un pequeño grifo del tamaño de un perro que dormía en la alfombra— y colocó el zafiro en un viejo tarro de galletas junto a otras piedras mágicas invaluables.

Definitivamente, robarle a los magos arrogantes era el mejor pasatiempo de la vejez.

Next Post Previous Post
Enlaces Promocionados:
Enlaces Promocionados:
Enlaces Promocionados:
Enlaces Promocionados: